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Conduciendo Uber

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Neo

La noche es la mejor compañía para un conductor además de ser la mejor hora para trabajar. Aquella noche no había mucho movimiento, un típico martes de la semana donde no hay vida en las carreteras. Ya había desistido de seguir dando vueltas por la ciudad, hasta que entró un último servicio, la distancia era larga, pero la paga era muy buena, así que acepté.
Tan solo llegué, envié un mensaje y pocos minutos después salió él de un edificio. Al subirse nos saludamos como de costumbre y de inmediato me agradeció por aceptar su viaje, tan tarde y tan lejos. Casi sin darme tiempo de responder, me contó que su carro estaba en el taller y que era nuevo usando el servicio.
Yo solo sonreía mientras lo miraba por el retrovisor.
Al poco tiempo empezó con esas preguntas de rutina:
—¿Qué tal la noche?, ¿mucho movimiento?
Respondí con agrado, sin pensar demasiado, y poco a poco la conversación empezó a fluir. Me contó que trabajaba en sistemas, que casi siempre era el último en salir. Vivía solo, no era de la ciudad y, según él, tampoco salía mucho.
La conversación amenizaba el viaje y los minutos muertos en los semáforos. El tiempo pasaba distinto, más ligero. En poco rato existió esa química extraña que solo surge con personas que acabas de conocer, pero que se sienten como amigos largamente añorados.
Entre charlas y preguntas me contó que era abiertamente gay, la confianza en este punto era tanta que con una risa tímida y mirándolo por el retrovisor me abrí también:
— No ...


... estamos tan lejos.
Él me miró y con cierta intriga preguntó:
—¿También eres gay?
Yo me reí sin titubear y respondí
— Aún no, digamos que me estoy dando cierta licencia.
La sonrisa en su cara era evidente, al igual que la mía. Después de un leve silencio quiso ahondar un poco más, él preguntaba, yo respondía y los dos nos reíamos como amigos de toda la vida. Allí aproveche para despejar dudas, él bastante animado y sin filtros respondía, mi intriga también surgió y preguntaba por sus gustos, experiencias y más. El ambiente en el carro había cambiado, era más animada la conversación, la intriga era genuina mutuamente. Nunca había tenido una conversación tan abierta de este tema con ninguna persona, pero allí estaba hablando sin filtros con un desconocido.
Su posición era más cómoda, el carro ya no le resultaba ajeno y no tuve ningún inconveniente con eso. Por momentos los silencios se alargaban entre miradas por el retrovisor que no había necesidad de llenarlas. En la espera de un semáforo sus gestos eran menos discretos sobre la ropa y con una mirada por el retrovisor hizo un gesto de pregunta, yo asentí y seguí conduciendo. El sonido y los movimientos que hacía me erizaban la piel, con un gusto indescriptible, era inevitable para mí esporádicamente mirar hacia atrás para verlo.
En el siguiente semáforo mire nuevamente, su pantalón recaía en las rodillas, su boxer un poco más arriba pero lo mejor era ver esa gran verga blanca de gran cabeza y rosada que tenía en sus ...


... manos. Fue inevitable para mí girarme y verlo completo, sus gestos entre excitación e invitación me hacían alucinar. Pronto el semáforo cambió y seguí conduciendo, pero ajuste mi retrovisor para ver mucho mejor como sus manos lo masturbaban. El sonido de sus gemidos, de sus manos subiendo y bajando en esa verga ya húmeda me tenían a tope, en ocasiones enviaba mi mano atrás para sentirlo un poco, lo cual el se dejaba con gusto, sus venas marcadas se sentía de maravilla en mis manos, sentirla era mucho mejor que verla, pero debía seguir conduciendo.
Cuando uno disfruta algo el tiempo vuela y aquel viaje no fue la excepción, en poco tiempo estábamos cerca de su ubicación. Así que le avisé:
— Estamos por llegar.
Él sonrió y respondió entre gemidos:
— Yo también.
Y en efecto así fué, el sonido de su orgasmo y unas gotas que salpicaron hacia delante avisaron que había terminado. Él restante de semen que si pudo contener con sus manos, los esparció en su abdomen. Aquel olor natural y excitante invadió mi carro. Me detuve y espere que se organizara nuevamente, entre las miradas que compartimos.
Mientras descansaba y su erección culminaba me preguntó si podía ser su Uber de confianza mientras arreglaban su carro. Yo acepte con gusto entre risas compartidas. Finalmente me agradeció por el viaje y el cariño extra que había tenido con él. Yo solo sonreí y le agradecí por mejorar mi noche. Continúe mi rumbo, pero era inevitable recordar aquella escena tan excitante que había pasado.
Las siguientes noches en efecto me llamo y yo con bastante excitación y emoción aceptaba su llamada. Pronto escribiré otra de tantas noches que pasamos.

#Neo

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Neo

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