Juan y sus hermanas (II)
Ahmed89
Juan se despertó con el calor del verano. Sus hermanas habían apagado el aire acondicionado para ahorrar en el recibo de la luz. Estaba solo y desnudo en aquella cama donde sus hermanas le habían estado mamando el miembro viril. Bajó al piso de abajo, donde Jessica y Cati estaban ya vestidas, poniendo la mesa para cinco. El papá no tardaría llegar del trabajo.
-Ahora no, Juan, debemos poner la mesa para nuestro padre-le dijo Jessica.
Al llegar el padre todo sucedió con normalidad. Se sentó a comer lo que Jessica y Cati habían estado cocinando. Un rato después, se levantó y fue al porche a tomarse una copa de vino. Unos minutos después se quedó algo transpuesto, ya que había sido drogado por ambas hermanas, sin que Juan lo supiese. Lo habían hecho para tener una nueva oportunidad para follar con su hermano sin que este se enterara y por tanto, se creara cierto aire extraño en el ambiente familiar.
-¿Sigues cachondo, hermanito?-dijo Jessica.
-Pues sí, Jessi. Pero ahora preferiría pasar un rato a solas con Cati-dijo Juan, posando la mano derecha sobre la cintura de su hermana melliza, la cual bajó sutilmente hasta posarse sobre su nalga. Aunque había sido idea suya que Juan se estrenara con Cati, tras haber probado el rabo que tenía se sintió algo discriminada, por lo que mostró un semblante triste. Había tragado el semen de un chico del que se había aprovechado durante años y tras correrse este en su boca, dejaba de ser de interés para él.
Juan y Cati subieron a ...
... la habitación y empezaron a besarse. Cati lleva uno de esos shorts que tanto había estimulado su imaginación pervertida y bajó sus manos para tocar sus suaves muslos. Le desabrochó el short y se lo quitó, contemplando sus bragas de Hello Kitty, las cuales Cati se había puesto para mostrar algo de inocencia ante Juan. Y lo consiguió, ya que el rabo se le puso como una piedra. Cati viendo aquello se sonrojó y mordió su labio inferior. Cerraron la puerta para que nadie pudiera entrar y Cati puso reaggeton del guarro. Quería deleitar con sus movimientos de trasero a Juan.
Cati sabía que además de una cara bonita contaba con unas nalgas bien contorneadas y agradables al tacto, no era un culo ni demasiado duro ni demasiado blando. Jessica la humillaba a veces diciendo que tenía un culo de niña, y en cierto modo era verdad, ya que al ser algo planilla y el culo a medio desarrollar le daba un aspecto más joven del que realmente debería tener a sus 19 años. Pero eso no era óbice para que diferentes varones la encontraran atractiva, entre ellos Juan, que no dejaba de babear por el culo de su hermana melliza.
Mientras bailaba reggaetón, se quitó el top que llevaba, mostrando sus pequeños pechos. Y se acercó a Juan para restregárselos por la cara al mismo tiempo que tocaba su culo aún en movimiento. Juan volvió de espaldas a Cati y la hizo menear su culo contra su cara. Aquel bamboleo de glúteos sobre su faz hizo que Juan deseara que Cati dejara de danzar y proceder a penetrarla. ...
... Así que se puso de pie, la cogió por la cintura, la puso de espaldas y la lanzó contra el colchón de su cama, quedando ella a cuatro patas. Su gran momento había llegado.
Se quitó aquel pantalón corto que apenas le ayudaba a disimular la erección, le bajó las braguitas de Hello Kitty a Cati, y cogiendo su hermoso miembro, procedió a penetrarla de manera algo violenta, es decir, sin tener en cuenta el bienestar de su hermana melliza, sólo buscaba su propia satisfacción sexual. Pero a Cati le gustaba que la trataran así, por lo que su coñito se humedeció al mismo tiempo que Juan lo usaba no como forma de socialización entre dos personas adultas, sino como quien usa una vagina de plástico para autosatisfacerse.
Había eyaculado dos veces aquel mismo día, por lo que aquello tardaba más de la cuenta en culminar, aunque la erección en sí se mantenía firme. Juan palmeaba aquellas deliciosas nalgas de su hermana, pero no lograba eyacular. Cati, que notaba la tensión de su hermano, giró su cabeza y le sonrió.
-¿Todo bien, hermanito?
Juan la nalgueó de nuevo y le dijo entre jadeos: “No me llames hermanito, ahora soy tu novio, llámame cariño o amor, que me excita más”. Cati, que estaba acostumbrada a ser la sumisa en sus relaciones, obedeció la petición de su hermano.
-Sí, amor, lo que tú desees, cariño.
Al decir aquello, el pulso de Juan se aceleró, y dijo: “Más, más…”
-¿Te gusta así, que te llame cariño? ¿Eres mi amor? ¿No preferirías que te llamara de otra ...
... manera? ¿Papi, por ejemplo?
-Sí, sí, vuelve a llamarme así.
-Sigue, papi, soy tuya, aprovéchate de mi.
-¡Uf!-exclamó Juan.
Posiblemente haya quien esto le parezca muy básico, pero Juan era un muchacho algo simple, y todo el porno que había consumido durante años le había hecho adquirir ciertos gustos muy comunes entre tales consumidores. No tenía mucho sentido lo de “papi”, pues eran mellizos y por tanto de la misma edad, pero ahí estaba, cachondo perdido porque su hermana le había llamado papi. Cati comenzó a ayudarle con cierto movimiento pélvico y al fin, nuestro pervertido amigo logró eyacular sobre el coñito de su hermana.
Juan cayó rendido ante el colchón, mientras los cabellos rubios de Cati se posaron sobre su peludo y sudoroso torso. En aquella habitación olía diferente, era el olor a sexo.
-He deseado hacer esto desde hace muchos años-dijo Juan.
-Bueno, para todo hay una primera vez, mejor que perdieras la virginidad tarde que nunca-le respondió Cati.
-No, Cati, no es sólo perder la virginidad. La virginidad es lo de menos. Es hacerle el amor a la persona que más he amado en este mundo después de mamá.
Cati se puso tontorrona con esa declaración, y se incorporó para besar en los labios a Juan, para acto seguido volver a posar su cabeza sobre el torso del mismo. Con sus dedos, se puso a jugar con los pelos de su panza, ya no tan gorda, pues tanto tiempo yendo al gimnasio había dado sus frutos en lo que respecta al estado físico.
Pese a todo, ...
... una idea rondaba en la cabeza de ambos: quizás había estado feo dejar al margen a Jessica. Es cierto que había cierto resquemor hacia ella, pues no había parado de utilizar su sensualidad para manipular al pobre Juan y para humillar físicamente a Cati por estar menos desarrollada físicamente. Pero también es cierto que gracias a su iniciativa pervertida ese encuentro sexual y amoroso entre dos hermanos mellizos había tenido lugar. Era, por así decirlo, la casamentera de ambos. Por otro lado, la hermosa polla de Juan la había vuelto más humilde y sumisa en apenas unos segundos, al mamársela se había tragado el semen porque pensó que escupirlo era peor que una blasfemia. Y ahora, cuando disfrutaban de su encuentro, ella vigilaba al padre al cual habían drogado para que pudieran gozar. Hay personas que merecen una segunda oportunidad en la vida, y Jessica era una de ellas. Y más si tiene una talla cien de sujetador.
Recobradas las fuerzas, Cati se puso aquellas braguitas de Hello Kitty, el top y el short y bajó a la planta baja mientras dejaba a Juan durmiendo. Bastante había hecho ya, y si seguía trabajando podría enfermarle o algo. Salió al porche de la casa y allí estaba Jessica sentada en un banco junto al padre drogado. Se sentó a su lado y empezaron a hablar:
-¿Cómo ha estado?
-Bueno, para ser la tercera vez que se corre en un día no ha estado mal. Por cierto, mañana lo tendrás para ti a primera hora.
Al oír esas últimas palabras, el rostro de Jessica se iluminó. Era una auténtica viciosa, y la oportunidad de disfrutar de nuevo de aquella polla tan fantástica la entusiasmó. Era capaz de renunciar a ser una buscona y ser célibe el resto de su vida sólo por disfrutar una vez de ese miembro viril. Quería que la penetrara, que se corriera en ella… Pero de esto hablaremos otro día.
