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Juan: mis nueve primeras veces 13

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Mina


- La verdad, me sorprendió mucho verte con ese traje de baño, hija. Nunca me lo esperé de ti - dijo la abuela mientras repartía una vez más las cartas, después de que llegáramos a casa y de que Juan, Anie y la tía Gaby decidieran pasar el rato en el jardín, a la luz de una pequeña fogata.


- Sí, bueno, quería probar algo nuevo, pero no creo que lo haga otra vez, al menos no en público, fue muy vergonzoso - respondí, haciendo que la abuela se riera un poco mientras levantaba mis cartas para ver mi juego - ¿Tú nunca hiciste algo alocado, solo por experimentar? - le pregunté, al tiempo que acomodaba mis cartas y me planteaba si cambiaba mis naipes o los conservaba.


- Claro, que sí, mi amor, pero hace mucho tiempo de eso y no creo que sea una buena idea que tú conozcas mis travesuras de aquellos días.


- Me quedo con mis cartas - expresé, viendo cómo de inmediato mi abuela cambiaba su juego - ¡Oh, vamos! No puede ser más vergonzoso que lo que me cuenta mi tía Gabriela - me quejé, queriendo ver la reacción de mi Abue mientras cambiaba uno de mis naipes. Ella soltó una carcajada.


- Sí, Gabriela es mucho más atrevida de lo que yo fui, eso no lo pondré en tela de juicio, pero aún así no te lo contaré, me daría mucha pena y tampoco te quiero dar ideas - respondió, risueña, mientras veía cómo se le ponían las mejillas sonrojadas.


- A ver, que no es como que yo sea una niña y… ¡Ya sé! - exclamé de pronto, cuando por fin pude completar un póker de reyes en mi mano - ...


... vamos a echarlo a la suerte. Si yo te gano, me cuentas una historia vergonzosa y te bebes un shot de ese vodka que tanto te gusta, si tú me ganas, yo te cuento algo vergonzoso y me bebo un…


- ¡No, no, no! No vas a beber, estás muy…


- ¡Abue! ¡Son vacaciones! ¡Además estoy contigo y con la familia! ¿Qué podría pasar? Póker de reyes.


- ¡Diantres! ¡Otra vez me ganaste!


- ¡Ándale! ¡Cuéntame algo vergonzoso mientras traigo tu vodka y unos vasos! - la incité, mientras me levantaba de la mesa e iba a la pequeña cantina que tenía la abuela en un rincón de la sala.


- Eres peligrosa, Mina, pero está bien, solo por ser vacaciones - respondió la abuela, risueña y divertida, poniéndose de pronto pensativa mientras revolvía las cartas una vez más - bueno, en realidad tengo muchas cosas alocadas y vergonzosas, pero si tuviera que escoger una, sería una vez que me escapé de casa para ir a la playa con los amigos, por esos tiempos el abuelo todavía no estaba en el mapa, por lo que tenía mucha libertad y yo estaba en la prepa, así que… bueno, digamos que tenía muchas ganas de experimentar cosas. En fin, el caso es que nos fuimos, íbamos muchos, hombres y mujeres, y claro que la plática principal en aquellos días era del tipo de “¿Quién le gusta a quién?” y cosas por el estilo, pero yo nunca decía nada al respecto, porque el chico que me gustaba era muy serio y no creí que llegara el día en el que me hiciera caso; pensándolo bien, creo que era más o menos como del estilo de Juan, ...


... ya sabes, como muy estudioso, callado, introvertido. Bueno, el día en la playa fue maravilloso, nos divertimos en el mar, tomamos unos tragos, fumamos… - la abuela se detuvo mientras yo soltaba una risotada ante su actitud y levantaba mis cartas para ver el juego que me había tocado.


- ¡Ay, abuela! ¡Te juro que sé lo que son las drogas y que no porque me cuentes una historia en la que consumiste, yo lo voy a hacer! - expliqué mientras cambiaba mi juego por las cartas en la mesa.


- Esta bien, pero de cualquier forma esa no es la parte central de la historia ¡Ah, sí, el vodka! ¡Salud! - dijo antes de darle el trago a su bebida y continuar hablando - la cosa es que ese chico tímido, se llamaba Tavo, bueno, así le decíamos; como sea, cuando la noche llegó y nos fuimos a las tiendas de campaña, pues las parejitas ya se habían formado y… bueno, ya te imaginarás…


- Full de nueves - dije, viendo cómo de nuevo su cara se contorsionaba en una mueca de decepción al saber que una vez más la había derrotado, algo que me motivó a servirle otro trago que ella se bebió e inmediato, mientras yo tomaba las cartas y las revolvía.


- Yo pensé que me dormiría con alguna de las chicas y que algunos de los muchachos compartirían una tienda, pero para sorpresa mía, en algunas tiendas hubo más de dos personas, así que tuve que dormir con Tavo. No las quiero - expresó la abuela con respecto de las cartas, antes de seguir hablando - no era que no fuéramos amigos, en realidad platicaba ...


... bastante con él y en muchas ocasiones me ayudaba con mis tareas, pero es un hecho que no teníamos tanta confianza como para que no nos incomodara dormir juntos. Paso. Y bueno, antes de meternos en la tienda nos tomamos una cerveza más y yo traté de relajar un poquito las cosas hablando de cualquier cosa, pero en nada ayudó que mis amigos se la pasaran gimiendo y diciendo porquerías desde sus tiendas - dijo la abuela soltando una carcajada - en fin, para no hacer el cuento muy largo, al final miré a Tavo y me dije a misma ¡Sele, es tu oportunidad, no la desperdicies! Y como no hay a quien le den pan que lloré, lo agarré de la mano y me lo llevé a la tienda.


- ¡Genial! Entonces supongo que ahí cumpliste con tu fantasía con él, ¿No? - dije, al mismo tiempo que cambiaba una carta, completando un juego que resultaba invencible, sonriendo alegre, tanto por lo emocionante que resultaba la historia de la abuela como por el hecho de que mi plan estaba resultando, pues aquella partida no terminaría sin que hubiera embriagado a esa mujer. Ella soltó una nueva risa, entre nerviosa y emocionada al recordar una experiencia que a todas luces se veía que la hacía muy feliz.


- ¡No solo eso, mi amor! ¡Cuando al final estuvimos solos y después de estarnos besando durante un buen rato! ¡Él me confesó que era virgen! - soltó con una alegría que no resultaba muy normal en esa mujer.


- ¡Flor imperial de diamantes! - exclamé presumida, viendo cómo la abuela torcía la boca y luego se servía ella ...


... misma el trago de vodka y se lo bebía - a ver, no entiendo, pareciera como que eso te hubiera gustado, pero ¿No hubiera sido mejor que tuviera, aunque sea un poquito de experiencia? - la abuela sonrió y luego dejó salir una risilla mientras recogía las cartas y las revolvía.


- Hubiera sido más divertido y quizás más placentero, sí, puede ser, pero el tener sexo con un novato tiene sus placeres, cariño, porque sin importar lo que pase luego, sin importar la cantidad de viejas con las que llegue a compartir la cama, la primera es inolvidable, para bien o para mal, la primera es la que se queda por siempre en sus recuerdos, y eso es invaluable - dijo, de una forma casi solemne, de una manera que me hizo sonreír por dentro pues, a pesar de que no lo hubiera planeado de esa forma, la abuela acababa de caer solita en una trampa que me resultaba muy cómoda tomando en cuenta lo que quería lograr con ella - y estar con Tavo fue todavía más especial por esa razón, porque el saber que yo era la primera fue increíble, más aún siendo que se trataba del chico que me tenía loquita, fue hermoso, lo disfruté muchísimo, le hice el amor sabiendo que aquellos gemidos eran los primeros que una mujer lograba arrebatarle, fue grandioso, mágico, inolvidable ¡Diablos! ¡De solo recordarlo ya me acaloré! - expresó antes de que ambas soltáramos una carcajada, de que una vez más enseñáramos nuestras cartas y volviera a ganarle otra partida, haciendo que se sirviera otro trago mientras yo me ...


... encargaba de las cartas.


- Y dime algo, Abue ¿Esa fue la única vez que le quitaste la virginidad a un chico? - le pregunté como si tal cosa, pero la abuela respondió de inmediato, iniciando una plática que se extendió por varios minutos, una charla en la que me contó de al menos una decena de ocasiones en las que desvirgó a algún muchachito ¡Algo que incluso pasó después de que se casara! Una conversación que se veía cada vez más adornada con detalles demasiado específicos y cochinos gracias al efecto del vodka que comenzó a tomarse sin importarle si perdía o ganaba aquellas partidas de cartas - ¡Vaya, Abue! ¡Sí que has tenido una vida muy interesante! Aunque, a decir verdad, no entiendo cómo es que ya no buscaste a un hombre después de que el abuelo falleció, porque aún ahora sigues siendo una mujer muy hermosa, elegante y tienes ese par de melones que Gabriela tuvo la fortuna de que heredar - la abuela soltó una carcajada como nunca antes mientras negaba con la cabeza y se sonrojaba.


- ¡Ay, mi amor! ¡Pero qué cosas dices! ¡¿Quién se iba a fijar en una vieja como yo?!


- Bueno, tal vez no te des cuenta, pero a pesar de los años te has conservado muy bien, sigues levantando miradas, incluso de mocosos cachondos como mi hermano, yo lo vi cuando estábamos preparando la carne, no dejaba de verte las nenas y eso que es tu nieto - una nueva carcajada sonó desde la garganta de la abuela, aunque en esa ocasión fue acompañada de un gesto con el que trataba débilmente de ...


... reprenderme.


- ¡Pero qué cosas dices, Mina!


- Es verdad, con el porte que tienes, lo simpática que eres y ese cuerpo que te cargas, todavía tienes para dar mucha marcha - respondí, viendo cómo poco a poco la abuela se iba dejando de reír, cómo comenzaba a pensar en lo que le decía, una sospecha que se confirmó cuando volvió a hablar.


- Gracias por los piropos, cariño, pero hace años que ya no sé de esas cosas, ni siquiera me acuerdo de cuándo fue la última vez que tuve algo con un hombre porque, incluso estando con tu abuelo, los últimos años no fueron un coctel de erotismo.


- Por eso mismo creo que deberías intentarlo, y en serio, no son piropos, te juro que Juan no dejaba de verte las nenas cuando estaba cerca de ti.


- No, claro que eso no te lo creo, estando tú y Anie cerca, cómo podría siquiera voltear a ver a una vieja como yo - expresó, antes de tomar otro trago de vodka, en un momento en el que vi que la botella estaba a unos pocos tragos de acabarse.


- Bueno no es algo que no podamos comprobar, claro si no te da miedo hacer algo alocado como lo que hacías cuando estabas en la prepa - le comenté, astuta y desafiante, viendo cómo ella respondía a mi reto, cómo se tomaba otro trago de vodka y luego se limpiaba la boca mientras me miraba con esa expresión llena de complicidad.


- Retarme puede ser algo muy peligroso, cariño, ¿Estás segura de lo que estás haciendo?


- Mira, no es nada del otro mundo. Yo creo que, si Juan tuviera una oportunidad, al ...


... menos trataría de meterte mano o algo por el estilo, pero si tú estás tan convencida de que no es así, ¿Por qué no dejamos que mi hermano lo decida?


- ¿Cómo?


- Deja que esta noche duerma contigo. Si tienes razón, Juan solo dormirá y no intentará nada, será una noche como cualquier otra; pero si yo tengo razón y él intenta tocarte, o se te arrima, o hace algo parecido… - dije, sonriendo con malicia, quedándome callada a propósito mientras disfrutaba del efecto que aquellas palabras tuvieron en la abuela.


- ¿Qué? Ya dilo - me urgió la mujer, con una sonrisa astuta y perspicaz en los labios.


- Sí él se atreve a hacer algo como eso, tú dejarás que llegue hasta el final, no lo detendrás, sin importar lo que quiera hacerte.


- ¡Ay, no! ¡Mi amor, que es mi nieto! Además, no quiero imponerle que duerma con una vieja como yo, sería incómodo para él y…


- No creo que sea incómodo y estoy segura de que le encantaría dormir en tu cama, además… - hice una pausa mientras me acercaba mucho a mi abuela, mirando a mi alrededor como tratando de asegurarme de que nadie más me oyera - por lo que sé, él es virgen, no ha estado con ninguna chica, así que tal vez podría ser la oportunidad de inmortalizarte en la memoria de otro hombre - le susurré, con una actitud de secretismo que la hizo mirar a la puerta en cuanto se abrió un segundo más tarde, desviando la mirada en cuanto vio a Juan entrando en la casa, seguido de Gabriela y Anie, quienes reían muy alegres.


La abuela me miró, ...


... que el regreso a casa sería peor que complicado.


Fue mucho el miedo que sentí mientras la abuela le contaba a mamá todo lo que pasó, hasta que al fin terminó y la mujer volvió a sentarse a la mesa para dar un sorbo de café y luego mirarnos a los ojos, con una expresión triste que poco después entendimos de donde provenía.


- Su mamá quiere que regresen a casa hoy mismo - expresó, haciendo que su rostro pareciera aún más triste - no me agrada que se vayan tan pronto, casi no los veo por acá y tenía más cosas preparadas para su estancia, pero supongo que será lo mejor - dijo, antes de que repentinamente su expresión se tornara mucho más alegre, como si se le hubiera ocurrido una idea que lo cambiaría todo - ¿Saben algo? creo que ya sé cómo van a compensar lo que hicieron - dijo repentinamente, haciendo que mi tía de pronto pareciera inflarse orgullosa, como si durante lo que llevaba del día hubiera esperado que la abuela nos diera una buena reprimenda - van a venir a quedarse conmigo cada dos fines de semana, desde el ...


... viernes en la noche hasta el domingo en la tarde, sin falta, o no les voy a perdonar que me hayan engañado de esta forma - comentó la abuela, haciendo que Mina y yo intercambiáramos una sonrisa antes de asentir en dirección de la abuela, viendo cómo se decepcionaba Gabriela con aquella decisión mientras Anie me miraba de una forma coqueta - ahora vayan a empacar, porque les espera una bienvenida poco agradable en casa - nos indicó, haciendo que nos moviéramos de inmediato, que suspiráramos resignados a lo mal que nos iría con mamá y también con Meli, nuestra hermana mayor.


Gracias por leer mi relato. Esta historia se actualizará por acá semanalmente, pero si lo deseas puedes leer los siguientes capítulos en ni página de PATREON (donde la serie ya ha terminado en algunos niveles). También te invito a seguirme en mis redes sociales para estar al tanto de novedades, estrenos y fechas de publicación, así como a echar un ojo a mis libros (todos los links están en mi perfil). Gracias por leer, comentar y valorar. Linda noche.

#Jane Cassey Mourin

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