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Confesionesschedule 11 min lectura

Soy el sillón de una sensual mujer

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SangreCaliente

Que yo recuerde mi vida se inició en un gran local, estábamos muchos hermanos expuestos para la venta, ese día era frío y soleado y una hermosa mujer con un joven comenzaron a probarnos. “Este está bien, es cómodo” dijo ella sentándose en mi hermano florido, “pero no me gusta, tiene muchos colores, no va con la casa”. Luego, pasó, me miró, me rodeó, me analizó y finalmente se sentó en mí. Fue el primer contacto que tuvimos, no sabía qué a partir de allí comenzaría una increíble aventura.


Me presento, soy un sillón: tengo cuatro patas cortas, soy de tres cuerpos, con almohadones mullidos, apoyabrazos y color marrón oscuro, con tela anti manchas.Mi destino se decidió ese día, por la tarde ya estaba llegando a mi nuevo hogar, una casa hermosa pero que se estaba recién llenando de muebles. Me acomodaron en la sala junto al televisor y una mesita ratona.


“Hola, ¿cómo estás?, soy Televisor” dijo mi compañero en el estar “y ella es Mesita Ratona, pero le decimos ‘Mesita’”; así se presentaron. Televisor me contó que llevaba un tiempo con esta familia compuesta por una mujer y un joven, pero que antes estuvo en otra casa en donde también había un padre, pero que ya no estaba más, según escuchó: “se había ido con otra mujer”. Esa misma tarde, la mujer y el joven, se sentaron en mi a tomar mate y a mirar televisión, apoyando los pies en Mesita.


Esta pequeña familia era agradable, la mujer paseaba con poca ropa por la casa y el joven se sentaba horas sobre mi a jugar a la ...


... play usando a Televisor. La primera situación que me llamó la atención fue un día que la mujer quedó sola, el joven salió y ella se recostó en mí. Yo sentí su piel, solo tenía una remera y una tanga, ella miraba un aparato que tenía en la mano del cual salían imágenes y sonidos. Apoyó su espalda en el rincón que forma mi apoyabrazos y mi respaldo, abrió las piernas y con la mano que no tenía el aparato comenzó a tocarse. Primero sus pechos por encima de la remera, luego por debajo y finalmente fue a su entrepierna, se la frotaba y comenzó a hacer ruidos extraños. Yo no sabía que pasaba, la sostenía tratando de ayudarla y a la vez sentía el calor de su entrepierna. Después de un ratito sentí que mojó levemente mi almohadón, se levantó rápido y lo fue a lavar. Esa misma noche yo escuché gemidos en el dormitorio de la casa, pero como no me puedo mover, no sé qué pasó.


A partir de ese día esa mujer de hermoso cuerpo, cabello negro y solitaria, descubrió mi comodidad y comenzó a usarme para darse placer. La sentí desnuda frotándose sobre mi apoyabrazos, gimiendo y apretándose sus pechos; la sentí en cuatro patas sobre mí; introduciéndose un elemento que vibraba; retorciéndose desnuda, tocándose su vagina e introduciendo sus dedos por detrás; hasta una vez de tanto placer que se daba terminó en el suelo apoyando su espalda sobre mis asientos, las piernas abiertas en el piso y mojando a Mesita que estaba frente a su entrepierna con sus fluidos.


Yo siempre la acompañaba, dándole ...


... comodidad y tratando de ser cálido, ella siempre se satisfacía sola hasta que un día las cosas cambiaron. Esa tarde el joven y la mujer se sentaron, ella como siempre en bombacha y con remera, el joven solo en calzoncillos. Comenzaron a tocarse y a desvestirse, él se quedó sentado y ella inmediatamente lo montó; estaban sobre mí, subiendo y bajando, una y otra vez yo aguantaba, estaba hecho para eso. Luego de un rato ambos mojaron mis almohadones. Se quedaron tirados, pero luego de un ratito comenzaron nuevamente a tocarse, ella apoyó sus rodillas sobre mí y soportaba las embestidas de él, gritaba, gemía, hasta que apoyó sus pechos en mi respaldo y noté que estaba transpirada y caliente, al rato nuevamente me volvió a mojar.


Esa fue la primera de una larga serie de veces en las que me usaron. Mis apoyabrazos, el respaldo, se acostaron sobre mí, se apoyaban en el piso, ella lo montaba; ambos me usaban para ser el apoyo de su placer. Televisor me explicaba que eran momentos sexuales que los solía ver en su interior y que eso daba satisfacción y placer a los humanos. Todos esos momentos sexuales sobre mí eran satisfactorios, yo desde abajo los sentía rozándome, me mojaban, me arañaban, apretaban mi tela, a veces me dolía, pero sabía que mi dueña lo disfrutaba. Para eso estaba yo, para apoyarla.


También, los amigos del joven venían a la casa. Uno de ellos, el que más venía, una noche se quedó junto a ellos, los tres estaban entretenidos, los hombres jugaban con la play en ...


... Televisor y ella traía bebidas que apoyaba sobre Mesita. De pronto, ella se puso a bailar sola frente a ellos, quedaron mudos, sin saber que hacer, ella tomó la iniciativa, los guio. Se acercó, besó al joven que vivía en la casa y luego al otro, ellos le tocaron los pechos. Yo veía todo desde abajo, ella se sentó sobre Mesita frente a mí, luego cayeron los pantalones y comenzó a tocarle las entrepiernas, besaba sus falos, así estuvo un rato hasta que se recostó sobre mí uno de ellos, de inmediato ella lo montó y comenzó a empujarlo, mientras el otro -parado sobre mis almohadones- le ofrecía su palo en la boca, así por largo rato hasta que intercambiaron lugares. Yo soportaba y miraba todo, asombrado, siempre habían sido dos personas, pero en esta oportunidad eran tres. Todo era más fuerte, más intenso y exigía mayor aguante de mi parte.


Luego ella apoyó sus manos y sus rodillas sobre mi y uno de atrás la empujaba, mientras el otro sentado sobre mi respaldo le introducía en su boca su palo, produciéndole mucha saliva que caía sobre mis almohadones. Ella que guiaba a los jóvenes como una experta, finalmente ordenó al joven que vivía en la casa que se sentara sobre mí, con las piernas abiertas lo montó e indicó al otro que ingrese por el otro agujero que ella tiene por detrás. Me asombré, mi dueña podía introducirse dos falos. La escuché quejarse levemente y luego comenzar a gozar. El peso de los tres en un solo punto me esforzaba, pero yo tenía que aguantar porque mi dueña me ...


... necesitaba, así fue un largo rato hasta que los tres gritaron y me mancharon los almohadones.


Yo quedé cansado por el esfuerzo, fue la primera vez que me sentí crujir. Ese tipo de encuentros se repetían. Lo hablábamos con Televisor y Mesita. Sentíamos que éramos el centro de la casa, que todo el placer pasaba por nuestro espacio. Hasta que un día me sacaron al patio a tomar sol, allí conocí a “Silleta”, hablamos y ella me comentó que allí al aire libre, sobre ella, también ocurrían cosas muy parecidas a lo que me ocurrían a mí. Me sentí comprendido y acompañado.


Pero, no todo lo que hacía mi dueña sobre mi era sexo. También se sentaba a tocar la guitarra, hermosas canciones salían de ese instrumento; o a mirar a Televisor reproduciendo bellas películas o partidos de fútbol; o cuando se acurrucó con un hombre que yo no conocía y fue distinto, yo lo noté; también hubo veces que recostada en mi leía libros o; que, con el aparatito, ese que tenía entre sus manos se escribía con alguien que la llevaba de la alegría a la emoción, pasando de risas a lágrimas. Yo estaba allí acompañándola, me sentía su compañero, hasta aquella vez que derramó lágrimas de dolor y angustia.


Después de varias veces con tres personas sobre mí, aunque ya no estaba el joven que vivía en la casa sino el amigo y otro; un día pasó algo que fue lo que finalmente me hizo ceder. Ella estaba sola sentada sobre mi con las piernas abiertas, yo notaba su cuerpo inquieto y caliente, de pronto tomó ese ...


... aparatito entre sus manos y comenzó a escribir, las respuestas sonaron rápido, mi dueña se alegró, se levantó y se fue al baño, no sé qué pasó, pero volvió con un hermoso aroma, con la piel más suave y vestida de manera sugerente: con una falda corta, tacos, medias de ligas y una remera, en la cual se le notaban dos botones en el pecho. Fue a la cocina, puso unas cosas redondas en el horno y salió y volvió con unas botellas de cerveza. Estaba inquieta, ansiosa, esperaba algo, comenzó a beber mucho, al rato sonó el timbre y ella apagó a “Televisor” y puso música. Fue a la puerta y llegaron dos de los jóvenes que yo conocía. Hubo saludos y se sentaron en la mesa mientras ella, le servía algo que llamaron pizza. Al rato llegaron otros tres jóvenes, todos se sentaron en la mesa y se sirvieron pizza y tomaron mucha cerveza.


Un rato después ella se levantó, se la notaba más atrevida, osada y desinhibida, uno de ellos el que hace más tiempo venía a la casa la siguió y se puso a bailar con ella, se tocaban, ella movía las caderas y se agachaba, los otros jóvenes solo miraban. Luego se sumó otro de atrás; y comenzó a acariciarla, ella tenía cara de placer. Yo desde la sala observaba. Ella estaba entré los dos, comenzaron a besarle el cuello y tocarle los pechos y el culo, otro de los jóvenes se sumó y entre dos le besaban los pechos y otro le besaba trasero, allí directamente vinieron hacia mí. Me asusté, eran seis cuerpos que debería sostener, pero me dije “es tu dueña no le podés ...


... fallar”.


Los otros jóvenes se sumaron, ella se sentó sobre mí y los jóvenes delante de ella sacaron sus falos y los comenzó a chupar mientras dos se sentaron junto a ella: le tocaban los pechos y su vagina, que a esa altura yo ya la sentía totalmente caliente y mojada. Los palos de todos estaban durísimos, ella se encargaba de besarlos y mantenerlos firmes. De pronto se detuvo y comenzó a poner orden. Sentó a uno sobre mí, lo montó, dos se pararon sobre mis almohadones y le ofrecieron sus vergas, ella los chupaba alternativamente, yo sentía como se mojaba, estaba muy caliente y transpirada. Los otros dos sacaron de mala manera a “Mesita” y la arrojaron a un costado de la sala. Luego de un rato de placer, en esa posición, ella volvió a tomar el mando y se puso de espaldas sobre mí, su culo quedaba en el borde casi al aire y allí otro comenzó a penetrarla mientras ella ponía en su boca otro falo. Era un continuo pase, salía uno y venía otro, la cogían o se hacían chupar sus vergas. Ella como una catarata arrojaba líquidos desde su interior sobre mí. Yo los sostenía era un esfuerzo, allí fue cuando sentí que no podía más y… ¡crack! me quebré. Aguanté el dolor y no hice ruido, para no interrumpir.


Los cinco jóvenes y la mujer siguieron, en diferentes posiciones, ella los dominaba y ordenaba. Usaron mis apoyabrazos, el respaldo, movieron mis almohadones, me usaron ...


... completamente. La penetraron por todos lados, en todas las posiciones; en un momento tenía todos sus agujeros llenos. Fue el instante de mayor éxtasis porque sentí su cuerpo temblar y que su líquido fluía en abundancia: luego ellos comenzaron a arrojarle sus líquidos, ella acostada sobre mí los recibía en su abdomen, cara y pechos. Todos acabaron sobre ella y sobre mí, ambos quedamos enchastrados.


Luego se levantaron todos y se fueron al dormitorio, después de un rato de gemidos, gruñidos y gritos de placer; los cinco jóvenes se fueron. Ella volvió a quedar sola, escuché que se bañó, arregló un poco la cocina, acomodó los platos y se fue a acostar a otro dormitorio, en soledad.


Al día siguiente se levantó tarde, la noté cansada pero satisfecha, la veía en la cocina tomando su taza de café, luego se acercó a mí me miró todo manchado y quebrado, me acarició con amor en mi apoyabrazos, sentí su agradecimiento profundo, vio como había quedado: manchado, roto, arañado. Ese fue mi momento de angustia ¿me querrá cambiar? ¿traerá otro sillón? ¿me dejará en la calle?. Días después me tranquilice, mi dueña hablaba con un amigo sobre mi y escuche que dijo “la verdad es que no se si cambiarlo, me acompañó en muchas aventuras quizás lo mande a reparar y retapizar”. Respire hondo y me alegré; seguiría acompañando a esta bella mujer en sus momentos felices, tristes y de soledad.

#SangreCaliente

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SangreCaliente

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