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Reencuentro con mi juguetito

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Arrage

Al salir de la estación allí estaba ella, aunque inocente en gran parte seguía teniendo ese toque salvaje en la mirada que tanto me atraía. Hacía 5 años que no la veía, pero había sabido llevar muy bien la treintena. Aunque no la definiría como una mujer espectacular que llama la atención (metro sesenta, media melena y pechos pequeños) su aura siempre me atraía y consiguió despertar en mí una pequeña erección sólo de verla.


Tras unos minutos de charla inicial de cuanto tiempo, te veo genial, llevas mucho esperando cuando le pregunté a donde quería ir me dijo que podíamos ir a tomar algo a un local que le gustaba, pero que antes tenía que pasar por casa que se le había olvidado la cartera. Le dije que podía pagar yo pero insistió en pasar por casa.


Aunque en la juventud siempre he pecado de pardillo, estaba claro que su insistencia en pasar por casa escondía las mismas intenciones que yo tenía para ese día.


Una vez en su apartamento, evidentemente no cogió la cartera y nos fuimos, sino que me invito a tomar algo y allí nos quedamos los dos, en su cocina, de pie uno junto al otro con una cerveza en la mano. Charlamos un rato y nos acabamos las cervezas y me dijo:


-Voy al baño un momento, si quieres algo, cógelo.


-Claro. -respondí y tras eso la acerque a mí y le plante un beso en sus labios.


Aunque no se apartó instantáneamente, acabo apartándose con aires de digna.


-¿Pero qué haces?


-Coger lo que quiero -le dije con seguridad.


-Mira David, creo que ...


... te estás confundiendo... -su tono era serio, pero no parecía nada molesta -Venga, no te andes con rodeos porque tú también quieres esto. -dije mientras seguíamos casi pegados sin que ella hiciera ademán de apartarse.


-¿Que dices? Ya te gustaría -dijo un poco molesta.


-¿Y por eso me has traído a tu apartamento?


-Me había dejado la cartera.


-Podría haber pagado yo.


-Me sentiría mal si me invitas.


-Pues me haces bizum y listo. -dije burlonamente- Venga, admítelo y no perdamos el tiempo. -Te equivocas. -dijo con la voz muy débil.


-Bien, si es así y no es lo que quieres me voy. -me quede mirándola mientras ella evitaba mi mirada. Cogí mi mochila y poco a poco me dirigí a la puerta principal. Esperé dos segundos y procedí a abrir la puerta.


-Espera. -oí desde la cocina y cerré la puerta de nuevo.


Volví a la cocina donde estaba ella mirando al suelo. Fui frente a ella de nuevo y le pregunté. -¿Esto es lo que quieres? Ella asintió con la cabeza.


-No te oigo.


-Sí. -dijo con un hilo de voz.


-¿Te vas a portar bien entonces?


-Sí -Sí, qué? -dije.


-Sí, señor Mac.


Este era mi apodo de amo que tenía cuando estuvimos juntos hace unos años. -Así me gusta, mi juguetito.


Y le cogí la carita con las dos manos y la besé más tiernamente de lo que lo había hecho nunca. -¿Recuerdas la palabra secreta?


-Cocodrilo -dijo ella, pronunciando la palabra de seguridad. Así que ya sabía que hasta que no escuchara esa palabra, todas sus quejas y súplicas serían ...


... una farsa cargada de placer.


-Muy bien -dije antes de volver a besarla, esta vez mucho menos románticamente. Nuestras lenguas no paraban de jugar y nuestras manos agarraban el cuerpo del otro para evitar que se volviera a escapar. Estuvimos varios minutos morreándonos a lo bestia, y después de agarrarle y manosearle el culo un rato mi mano derecha subió hasta su cabeza. Agarrando su pelo, aparté su cabeza de la mía y me puse a atacar su cuello. Lo besaba, lo lamía y lo mordía y al cabo de un rato decidí marcarla. Me puse a succionar su cuello a lo que ella reaccionó.


-¡Me vas a hacer un chupetón!


-Lo sé, ya te lo he hecho y ha sido a propósito. -dije tras parar y mirarla a los ojos -Que se vea y que tus compañeras de trabajo y tus amigas te pregunten, entre risas, quien te lo ha hecho. Y tu notarás la vergüenza de saber que es el cabrón que te dejó hace unos años y que ellas tanto odian. Pero por ahora no les dirás quién ha sido, que es un secreto. Pero solo por ahora.


Hice una pausa, le miré a los ojos y le dije muy serio.


-¿Te ha quedado claro?


-Sí. -dijo tras una pausa.


Y entonces volví a comerle la boca mientras le desabrochaba el pantalón que al poco cayó al suelo. Mientras seguíamos morreándonos y yo le manoseaba el culo deslizando mis dedos por debajo de sus bragas, notaba cómo ella maniobraba para quitarse zapatillas y pantalones. Una vez libre de los pantalones, procedía a quitarle la camiseta y separarme un poco para contemplar a mi hermoso ...


... juguetito en ropa interior.


Llevaba un conjunto negro con encaje semitransparente que dejaba adivinar, sin mostrar sus ahora duros pezones y en la parte de la braguita la parte semitransparente era más clara, haciendo que pudiera verse perfectamente su pelo púbico de la parte superior del monte de Venus.


-Uff... sigues estándo tremenda. -le dije- Qué ganas de girarte, tumbarte sobre la encimera y darte sin piedad.


-¿Y a qué esperas? -me preguntó con sonrisa pícara mientras se giraba.


Y sacando toda mi fuerza de voluntad, la giré obruscamente para que quedara de cara a mí, y mirándole muy seria a los ojos le dije:


-Espero al momento adecuado para eso, que no es ahora. Lo de hoy vamos hacerlo al ritmo que yo diga y como yo diga. Pero tranquila, que mi polla acabará destrozando tu higuito. Y ahora, arrodíllate. Con una sonrisa en sus labios la vi bajar mientras yo me quitaba también zapatillas y pantalones. En este punto, sin yo decirle nada, ella me bajó la ropa interior para rapidamente agarrar mi dura polla con su mano derecha.


-No te he dado permiso para cogerla. -le dije bruscamente, con lo que ella la solto al instante. -Perdón. -dijo con la voz apocada.


-Pedronada quedas, pero pórtate bien y abre la boquita.


Ella obedeció y abrió la boca, sacó ligeramente la lengua y se estiró un poco para que su boca quedara a la entrada de mi boca.


-Y ahora, te vas a portar bien y vas a hacer lo que yo te diga, verdad?


Ella asintió con la cabeza.


-Pues ...


... quiero que no dejes de mirarme a los ojos mientras yo te follo la boquita.


Hizo un sonido de a-ha mientras clavaba sus pupilas en las mías.


Entonces yo con la mano izquierda le sujeté la cabeza mientras con la derecha guiaba mi polla hasta su receptiva boca.


La fui metiendo y sacando poco a poco mientras nos mirábamos a los ojos.


-¿Te gusta?


Asintió ella con un leve movimiento de cabeza.


Y poco a poco fui incrementando la velocidad hasta llevar un ritmo bastante rápido, pero sin meterle la polla del todo para que pudiera aguantar bien.


El contacto visual no se perdió en ningún momento y tras un par de minutos de follarle la boquita rápido pare poco a poco.


-Y ahora, voy a meterte la polla hasta el fondo, así que pórtate bien y aguanta. Vi en su mirada brillar una chispa de preocupación. Y yo le agarré fuerte la cabeza y poco a poco fui apretando mi polla hacia ella.


Aunque no dejó de mirarme a los ojos, su mirada ahora había cambiado y se notaba que estaba haciendo un esfuerzo por conseguir tragarse mi polla.


Al poco encontré ya una fuerte resistencia y di una pequeña embestida para meter un poquito más y me quedé ahí un par de segundos en los que ella cerró los ojos. Al final solo se tragó unos 15 cm, tres cuartos de mi polla, pero con eso ya le hicieron saltar las lágrimas.


-Muy mal cariño, no has podido comerte todo mi rabo, -le dije con tono decepcionado- así que como castigo me voy a hacer una paja y descargaré mi amor sobre ti. -hice una ...


... pequeña pausa mientras nuestros ojos se seguían mirando—. Pero como veo que te has esforzado y no te has quejado te voy a recompensar dejándote elegir dónde quieres que me corra; en tu boca, en tu cara o en tu pecho.


Tras unos segundos, más para recuperar el aliento que por estar pensando me contesto lo que ya sabía.


-En el pecho.


-Pues levanta que quiero ser yo quien te quite el sujetador.


Y al levantarse, mientras con la mano izquierda le desabrochaba el sujetador y con la derecha, agarrando el culo, pegaba su cuerpo junto al mío haciendo que mi polla quedara aplastada contra su estómago, aproveché para darle otro morreo.


-Tu boca saber a polla, vaya guarra estás hecha, no?


-Un poco. -dijo con una sonrisa maliciosa.


-Y eso me encanta.


Y la volví a traer junto a mí para volver a besarla brutalmente mientras le quitaba el ya desatado sujetador y lo dejaba caer al suelo.


Deje de besarla en ese momento para contemplarle los pechos. ¡Qué maravilla de pechos! Aunque no eran muy grandes, se mantenían en plena forma apuntando al cielo como la última vez que los vi hace 5 años. Y esta vez no pude controlarme.


-¡Cómo he echado de menos estos flanes! -dije mientras me lanzaba de cabeza a chupetear esos pechitos y mordisquear sus deliciosos pezones. Con el brazo izquierdo la mantenía junto a mí, con la derecha amasaba su pecho izquierdo, mientras mi legua daba potentes lametones a su hinchado pezón. Tras esto pasé a succionar, agarrarlo suavemente con los ...


... dientes y estirar para después volverlo a morder suavemente.


Y sin darme cuenta mi mano derecha se poso en sus bragas donde noto una notable humedad. Presionando firmemente empecé a masajear su coñito por encima de las bragas mientras mi lengua se deleitaba con su pezón.


Noté como ella empezaba a gemir, emitiendo unos agudos grititos que me indicaban que estaba haciendo bien mi trabajo. Y tras un minuto, mi boca volvio a buscar su boca mientras mi mano seguía con la masturbación. Nuestras lenguas se movian apasionadamente en un morreo intenso y prolongaso, pero a los dos minutos, noté que su lengua y sus labios perdían su ímpetu y vi que ella tenía una expresión un poco ida mientras la frecuencia de sus gemidos aumentaba indicando que el orgasmo estaba a punto de llegar.


Esto me encendió y me hizo incrementar la velocidad de mi mano un par de segundos, pero pude contenerme y parar de golpe.


- ¡De rodillas! -ordené.


La expresión de su cara fue de desconcierto total, como si la hubiera despertado de un sueño. Por lo que le cogi la cara con una mano obligandome a mirarme y repetí la orden.


- ¡De rodillas! -ordené.


La expresión de su cara fue de desconcierto total, como si la hubiera despertado de un sueño. Por lo que le cogí la cara con una mano obligandome a mirarme y repetí la orden.


- ¡De rodillas!


Ella obedeció y se arrodillo.


- Y las manos en la espalda.


Obedeció y vi como tragaba saliva. Tras esto llevo su boca hasta mi polla para luego ...


... volverme a mirar a los ojos. Siguió chupándome la polla sin apartar su mirada y sin mover las manos de donde le había ordenado.


Tras unos minutos, cuando mi excitación estaba al límite, le alaejé suavemente la cabeza para que dejara de chupar y empecé a masturbarme rápidamente.


Ella sabía lo que venía, y como habíamos acordado antes, se irguió un poco y saco pecho para recibir su recompensa que no tardo en llegar.


Una enorme corrida que llevaba guardando durante cinco días calló en el centro de su pecho, un poco más arriba de las tetas. A esto le siguieron dos descargas más, la primera cayo donde la anterior y la segunda hizo puntería en su pezón derecho. El resto de semen que eche, que ya no era mucho, acabó cayo en sus rodillas.


En medio del éxtasis la miré y la vi sonreír con una alegría que no me esperaba encontrar. Ojala pudierais ver esa carita preciosa de niña buena coronando su pecho todo lleno de semen. Pensé que había desperdiciado todos los años que no había estado con ella.


- Qué bien se porta mi juguetito. -dije felicitándola Ahora, se buena y límpiame bien mi polla con tu lenguita.


Sin rechistar, agarro mi polla con una mano y suavemente, con su lengua la fue recorriendo de la base hasta el capullo. Iba dando pequeños lametones por todo el tronco como si estuviera chupando una piruleta. Una vez el tronco estuvo bien lamido pasó al glande. Aunque empezó muy suave, tras correrme esta zona estaba hipersensible así que yo no paraba de dar respingos y ...


... embites, ella se desequilibró y con la fuerza de la embestida los dos caímos hacia delante. Ella debajo de mí, yo debajo de ella, y mi polla penetrando su chochito baboso.


En esta posición, entrelacé mis dedos con los suyos y le llevé las manos sobre la cabeza, y ahora sí, el movimiento fue máximo. Notaba como llegaba el orgasmo y en consecuencia mí cadera bombéaba más rápido que nunca mientras sus gritos resonaban en la habitación. Entonces llegó el orgasmo e hice toda la presión que pude para llegar a lo más hondo de la fuente de mi lujuria. Mi semen baño sus entrañas con una potente descarga, mientras en cada una de las siguientes embestidas, descargaba un poco más hasta quedarme vacío.


Seguí un rato moviendo mis caderas lentamente y apretando mis caderas contra las suyas, pues todavía quedaban algunos resquicios de mi orgasmo en mi ment e y en mi cuerpo. Y con la polla todavía metida en su higuito la abracé y le besé suavemente el cuello y las mejillas hasta que giro su cabeza y nos fundimos en un largo beso.


Tras un minuto rompí el silencio.


-Veo que todavía te excita que te humillen.


-Una no puede cambiar esas cosas. -dijo con una sonrisa.


-Pues me encantaría que hicieras por mí otra cosa realmente humillante para ti.


-Buff... ahora ya no estoy cachonda, no se si colará. Pero dime, -dijo con cara pícara- qué te gustaría que hiciera?


-Quiero que me perdones y volvamos a ser una pareja. ¿Harás eso por mí?


La sorpresa apareció en su rostro, pero la respuesta no tardo en llegar.


-Sí señor Mac.

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