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Mi marido ahora es un cornudo complacido

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Daniela

Después de la pelea y discusión con mi esposo, en la cual se enteró que ya otro me había hecho suya, me sentí de veras muy mal, me dolía haberlo engañado.


El domingo en la mañana, me levanté me percaté que estaba sola en casa. Me di una buena ducha y me arreglé como suelo hacerlo. Traté de ocultar el moretón que traía en la barbilla con maquillaje, eso me recordó el coraje que aún tenía en contra de mi esposo.


Como me encontraba sola, así que después de arreglarme decidí ir a ver a mi mamá. Busqué mi bolso de manos y por más que lo busqué no lo encontraba; no recordaba haberlo puesto en otro lugar que no fuera sobre mi peinador… Hasta que se me ocurrió ir al estudio de mi marido y sobre su restirador estaban regadas las chucherías que suelo guardar en mi bolsa de mano. Me di cuenta que mi esposo había estado esculcando mis cosas, y con algo de pánico me di cuenta que en mi cartera no estaban mis tarjetas de crédito ni mi dinero, solo un triste billete de a cien pesos me había dejado…


El muy cabrón me había dejado sin un peso, y por más que le di vueltas al asunto, no encontré la forma de saber en donde había ocultado mi dinero y mis tarjetas. Aun así, me fui a casa de mi madre… Regresé ya entrada la noche y me lo encontré viendo un programa deportivo y con una copa de licor en la mano.


—¿Ya vienes de putear, cabrona?… —me dijo al entrar.


Hice caso omiso a sus insultos y me fui a mi dormitorio, de inmediato entró tras de mí y volvió al ataque:


—Siempre ...


... supe que eras igual de puta que la que te parió…


—Deja en paz a mi madre, ¿si?; que ella ni mi familia te piden nada…


—¿Qué no?… ¿Quieres que te lo recuerde?…


—Ni los buenos días te deben…


—Ya se te olvidó a quién le deben todo lo que tienen… Pero apuesto que no sabe la clase de piruja que tiene por hija, ¿o si?… Yo me voy a encargar de platicarles a todos los que te conocen la clase de perra que eres, cabrona —dijo arrastrando las palabras por efectos de la bebida.


Fingí no escucharlo, pero me agarró del pelo y me estampó una bofetada que me hizo trastabillar…


—Siempre supe que eras una puta y que te encanta la verga; y ahora vas a demostrar lo bien que te mueves en la cama para ganarte lo que te tragues porque no pienso darte un centavo…


—No te olvides que la mitad de todo lo que hay aquí, me pertenece… dijo llorando.


—¡Mira donde está tu mitad!… —dijo restregándose el bulto de la bragueta.


—¡Aunque ironices papacito, la mitad de esto es mío!… —lo reté.


—Sigue creyéndote eso, que te voy a mandar a chingar a tu madre y que estés a donde perteneces, pendeja; a un prostíbulo donde están los de tu raza…


—Me valen tus amenazas, afortunadamente estuve con mi familia y ellos me brindaron todo su apoyo, ya que no pienso vivir al lado de un alcohólico enfermo… —dije mintiendo.


—¡Chinga tu madre!… —me dijo dándose la vuelta.


—Igualmente, estúpido… —dije y me eché a llorar.


En la mañana del día lunes, me levanté antes que se fuera a su ...


... oficina.


—Me dejas mis tarjetas y mi dinero, por favor; si no quieres que levante un acta por agresión y despojo…


—¡Estas pendeja!, todo me pertenece…


—Ya lo veremos…


Debí haberme imaginado que me quitaría todo lo de valor, pero mis acertados pasos me llevarían a ganar la partida. Después de ducharme, y desayunar, fui a su estudio y ahí estaban mis cosas, creo que no faltaba nada. Después de desayunar le marqué a Verónica, pero no la encontré, era con la que mayor confianza tenía; ella debía de saber como debía yo proceder ante tales acontecimientos. A mis otras amigas no les conté nada, ¿para qué?, nada más se concretarían en escucharme y hacer el chisme más grande.


Pasaron tres días sin que nada cambiara, sin dirigirnos la palabra y mucho menos intentar la reconciliación. En realidad yo estaba inquieta y al mismo tiempo, confundida, aunque suene poco creíble yo lo quiero, y eso me tenía muy preocupada. Mientras tanto me dedicaba a leer, a pensar en lo que sería mi vida cuando mi marido se cansara de esta situación.


El miércoles hablé con Vero y me aconsejó que no podía verme, pues andaba ocupadísima pues iba a ser madrina de pastel en una boda, pero que ya habría tiempo; mientras tanto me aconsejó a actuar con cautela y que cuando todo pintara mejor, hablara con mi marido, que en realidad él tenía la culpa por tenerme tan abandonada y yo siendo tan fogosa… Total que no saqué nada en claro.


Quería hablar con alguien, pues me sentía sola y vacía; a mi ...


... familia no la quería preocupar hasta que tuviera algo en claro. Así que le marqué a Julio, pero la secretaria me contestó que andaba de viaje con unos ejecutivos, traté de hablar con Juan Emilio, pero me respondió Luis, quien me dijo que por qué no nos veíamos y hablaríamos. Le dije que me sentía muy deprimida y que necesitaba me reconfortara como amigo. Lo cité en un parque que está a unas cuantas cuadras de mi casa, que me buscara pues necesitaba hablar con alguien.


Él llegó en su coche después de las siete de la noche. Estuvimos platicando dentro del carro, pero en realidad no paraba de acariciarme los muslos bajo mi vaporoso vestido, diciéndome lo buena que estoy, pero sin escuchar lo que yo decía, sobre mi situación; claro que no le hablé claro, solo que me sentía muy triste… Él por su parte intentaba atraerme para besarme y yo, sutilmente lo rechazaba. Yo intentaba encontrar consuelo a mi desdicha, a mi decaimiento, pero él tenía en mente otra cosa… Terminó por colar su mano entre mis muslos y empezó a acariciar mi almeja por sobre la pantaleta…


—¡Por favor Luis, no estoy de ánimos!…


—¡Mamita, ve cómo me pones!… —dijo señalando su bragueta.


—Hay niños y nos pueden ver… Otro día, te juro que otro día lo hacemos, hoy no por favor… —pero mientras más me resistía, mayor empeño ponía.


—Nadie nos presta atención… ¡Por favor nena, no me dejes así!…


Quizá fue la depresión que sentía, el caso fue que puse mi mano sobre su verga, la sentí erectarse y de inmediato ...


... un cosquilleo nació en mi pubis. Le sugerí hacerle una chaqueta, la cual aceptó encantado. Le saqué la verga y empecé a frotársela.


—¡Mámamela putita!…


Me llevé a la boca su órgano venudo y procedí a chupársela con ahínco, quería evadir mi triste realidad y olvidarme de toda aquella mierda en que se había convertido mi vida… Cuando Luis ya no aguantó, prácticamente me arrancó las pantaletas y hundió su rostro entre mis piernas; en ese momento dejó de importarme mi marido, la algarabía que había en nuestro alrededor, la posibilidad de que nos descubrieran o que la policía nos descubriera…


Cuando se cansó de lengüetear mi almeja, se bajó los pantalones hasta los tobillos y me pidió que me sentara en su erecta macana. Me acomodé de espaldas a él, vigilando que nadie apareciera, mientras subía y bajaba sobre su falo y apretaba los labios para no gemir escandalosamente. Él se afianzaba a mis chichitas mientras me sacudía a cada embestida que me daba, su verga entraba y salía de mi pucha y por lo apretados que estábamos, la fricción era más intensa.


Entre gemidos le pedí que no me echara la leche adentro, pero cuando ya no aguantó más, lo sentí ponerse rígido, en ese momento intenté levantarme, para no recibir su esperma en mis entrañas, pero me sujetó tan fuerte que todo su semen se anidó en mi interior.


Le recriminé su actitud y ni siquiera me despedí como hubiera querido, pues me urgía llegar a casa y levarme… Luis intentó alcanzarme y disculparse, pero yo estaba ...


... bastante encabronada, pues no me estaba cuidando y podía quedar preñada… Lo dejé ahí, vociferando en voz alta. Cuando llegué a casa, escuché que mi esposo ya se encontraba, no quería encontrarme con él, pues sabía que estaba despeinada y toda batida de semen. Una vez más había metido la pata… Pensé qué hacer, pero no se me ocurrió nada, respiré hondo y me dije que lo que tenía que pasar, pasaría…


Cuando abrí la puerta, se me quedó viendo, ya no tenía caso tratar de pasar directamente al baño como era mi intención, lo tenía casi de frente.


—¿De dónde vienes hija de la chingada?… ¿De revolcarte con tus amantes?…


Intenté escabullirme hacía mi cuarto, pero me jaló del brazo y se quedó viendo mi rostro de labios despintados y con toda la pinta de haberme besuqueado con otro hombre… Por instinto me eché hacía atrás pero no pude evitar la cachetada que se estampó en mi mejilla izquierda…


—¡Contesta perra, ¿de dónde vienes?!…


—¡De acostarme con otro cabrón!… —dije presa de la rabia y llorando.


Él se quedó atónito, creo que no esperaba que fuera tan directa.


—¡Sí, y no sabes lo mucho que lo gocé!… —vi que su mandíbula temblaba y la frente se le perlaba de sudor.


Dejó la copa sobre la mesa de centro y fue aproximándose hacía mí, sentí que todo estaba perdido y que me sacaría de la casa a empellones. Sabía que todo lo había perdido, así que qué más daba hacerlo rabiar, quería humillarlo como él pensaba hacerlo frente a los míos…


—¡Mira!… —le dije levantándome ...


... el vestido— aún traigo muestras de su leche de la tremenda cogida que me dio… ¡Es semen!, pues se vino en mi interior aun sabiendo que podía dejarme panzona… —dije ya sin medir las consecuencias…


—¿Y se la mamaste, puta?… —me preguntó enronquecido, no sabía si de coraje o de placer, pues así me habla cuando está súper encabronado o muy excitado…


—¡Claro!, si no, no sería la puta que soy, la que no te coges y la que siempre anda urgida por una buena verga… —le dije aún con el vestido levantado y con mi calzón a un lado para demostrarle las huellas de esperma que aún brillaban en mi ensortijado pubis.


De verdad que no me esperaba la reacción que tuvo, en un arrebato me atrajo hacía él y me besó en la boca y yo respondí, sentí su verga muy parada restregarse a mi pierna y esto me hizo temblar, sus besos en mi cuello me empezaron a calentar tal como él sabía que me ocurría; me abrazó y una de sus manos se fue directamente a mis nalgas, gemí y me seguí retorciendo. Me subió el vestido y cayó de rodillas y lamiendo todo el jugo que brillaba en mis pelitos. Lo agarré de la cabeza y se la restregué contra mi chocha, él gimió y me empujó sobre el sofá donde caí sentada, me recosté y abrí de par en par mis piernas…


—Daniela, mi vida… —yo solo me acomodé y lo abracé mimosa.


—Pasa esto porque no me complaces… ¿Qué necesidad tengo de buscar lo que tengo en casa?…


Una de sus manos bajó a mis muslos que yo abrí complacida, haciendo a un lado mi tanga, introdujo un dedo ...


... en mi rajita y lo sacó empapado de semen, eso me estremeció. Acto seguido fue bajando con su boca por los muslos y me metió su lengua en mi cueva como tanto le gusta. Me abrí lo más que pude dándole mi coño en flor; de esa manera, su lengua se hundió hasta el fondo y me empezó a chupar la panocha como un desesperado. Esto solo logró que yo me pusiera más ardiente que nunca, era nuestra forma de empezar a reconciliarnos.


—Papi, deja que me lave…


—¡Aghhh, dime que te la metió en la pucha!…


—¡De verdad papi, te juro que me cogió y se vino en mi interior!… ¡Y eso que sale de mí, es su leche!…


Sin embargo mi marido absorbía como aspiradora el esperma aún fresco de Luis junto con mis jugos.


—¿Cómo te cogió?…


—En su carro mi vida… Me senté en sus piernas y así me la metió…


—¿Cómo la tiene?…


—¿La verga?…


—Si…


—¡Muy grande papito, hasta me hizo gritar cuando me la metía toda!…


Cuando se cansó de mamarme la papaya, se separó de mí y me pidió:


—Chúpame la verga, mamita —yo complacida y lo hice.


Me sorprendí al sentirla tan dura, así que se la mamé por un buen rato, después de esto me abrió de piernas y me quitó la tanga dejándome abierta ante sí. Se acomodó y me metió la verga de un golpe, se la sentí deliciosa y le rodeé con mis piernas para atraerlo y sentirlo aplastar mi cuerpo; él se las arregló para sacarme las tetas y me empezó a chupar mis pezones que parecían piedras.


Me besaba el cuello, los labios y me cogía delicioso. Esto me puso al ...


... y me chupó el bollo, hundiéndome su lengua muy intensamente.


Finalmente, no aguantó más y me la metió fuerte, mientras me decía perra, hija de tu reputa madre. Me encantaba que me hablara sucio y yo le hacía lo mismo…


—¡Cógeme cabrón, cógeme marica!… Gozaste viendo como me trabaron, ¿verdad puto?….


—¡Si cabrona, fue maravilloso verte cogida!… ¡Me tienes encendido como nunca, eres una perra deliciosa, quiero que te cojan mil hombres hija de la chingada!…


—Si mi vida, quiero tener muchas vergas para mi sola, para ser más puta de lo que ya soy, y agradecerte por dejarme ser así… Quiero hacerte el más cornudo y que te agrade ser el dueño de una puta a la que se cogen todos…


—¡Si puta, si perra caliente quiero que te cojan hasta por el culo!… Que te lo desfloren para siempre y que te den verga por todos lados…


Sin dejarnos de decir tantas perradas, me hizo venir y él se vino también, mi papaya estaba repleta de leche, estaba inundada y abierta, irritada de tanto coger, hinchada de tanta verga, pero lo disfrutaba. Me encantaba el ardor de mi panocha y se lo dije a mi marido al terminar de vaciarse en mí…


—Pero eso querías, ...


... ¿no?


—¡Ay papi, fue demasiado!…


Acostados en el sofá fumábamos plácidamente abrazados…


—¿Quieres seguir puteando?…


—Si me dejas, ¿por qué no?…


—Quiero que cojas mucho con otros, te doy permiso de coger con quien tú quieras y que me hagas cornudo las veces que lo desees. Solo te suplico que seas discreta y que me lo digas para gozar junto contigo, y cogerte después que los demás… Siempre que quieras coge con quien desees, pues quiero ser el dueño de la puta más guapa y caliente…


—¿Puedo seguir diciendo lo que le dije a Juan Arturo?…


—¿Qué?…


—Eso que soy casada y que mi marido no me llena y me tiene abandonada… Eso los pone loquitos…


—Por supuesto… Me enciende pensar que mi esposa es la más puta… ¡Qué ricura de puta tengo en casa!…


—¡Ay mi vida, pero me encanta decirles que eres un pendejo y que te pongo los cuernotes con quien se me da la gana!…


—Y es cierto, ¿no?…


—Si mi vida, pero quería que me dieras permiso; además, seré la más puta y tú el más cornudo, mi rey…


Desde luego que lo que ha seguido en mi vida ha sido coger y coger pero cada vez con más atrevimiento, contando desde luego con el permiso de mi marido…

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