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Chocolate con colágeno

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Tita

Ya había propiciado un trío con Saúl, mi marido, y Rogelio. Este último es mi amante más joven, y viudo, que desde hace año y medio se apasionó por mi manera de hacer el amor. La verdad me encantó su enjundia, aunque me preocupó su enamoramiento. Otro de mis amantes es Moisés, un negro, amigo de mi marido desde hace casi 50 años.


Una vez comenté a mis amigas de SST que sería interesante hacer un trío con estos dos amantes y me puse a organizarlo. Se los propuse a cada quien, y también se lo advertí a mi marido porque no sería en la casa nuestra y él, lo más que tendría sería alguna foto o video del evento.


–¿Por qué quieres pasar la noche con ellos si pueden coger aquí durante el día? Y, si es fuera, que te traigan en la tarde –me preguntó mi cornudo consentidor.


–Es que sólo quiero estar con ellos dos, sin ti para no inhibirme –señalé–. Además, quiero emborracharme y ponerme bien pacheca para coger más rico y a ti no te gusta verme así –concluí mi explicación.


–Sí me gusta cogerte así, como puta usada. Me encanta cuando, al llegar, te encuentro en casa toda cogida y aún estás mareada y con los ojos rojos. ¡Te chupo el atole que el galán te dejó y te pongo en la posición que se me antoje! –precisó Saúl.


–¿Te pones celoso cuando cojo en otra cama? Lo he hecho muchas veces… –respondí y mi marido sólo sonrió.


Días después, cuando arreglaba mis cosas en una mochila, le dije a mi marido que ese día y buena parte del siguiente, él tendría que comer solo. “La ...


... comida es fácil, pero la cogida…”, me respondió.


–Pues te pones unos videos míos o las fotos que le has tomado encueradas a tus amigas y te la jalas rico –le contesté.


–Bueno, la idea del video está bien, veré con quién lo grabo… –dijo, seguramente para encelarme y me enojé pensando que cogerían en mi cama, pues en el estudio, donde se revuelca a sus amigas y a las criadas, sólo hay una cámara; y en mi alcoba hay tres de alta definición.


–Ya están listos los dos. El trío será en la casa de mi bebé. Ya les dije que quería que me hicieran un sándwich estando borracha y pacheca. Cómo extraño a Roberto, a él también le gustaba cogerme así y fumaba conmigo –recordé a mi primer amante, muerto durante la pandemia.


–¿Ellos también van a fumar mota? –me preguntó Saúl.


–En ambos casos no hubo entusiasmo, pero sí aceptación para que yo me metiera lo que quisiera, además de verga. El negro me dijo que él sí tomaría vino, pero la mota no, ya sabes cómo es él. El bebé sólo alzó los hombros resignado, pero no sé si se anime a fumar –le expliqué.


–Moisés ya te ha cogido así, aprovechando que unos amigos de él te ofrecieron la mariguana y entre todos te cogieron borracha y fumada –me dijo.


–¿Y tú como sabes? ¡Yo no me acuerdo! –le contesté pues no sé cómo supo Saúl eso y yo no recuerdo los detalles.


–Pues tú no estabas en tus cabales, y el negro se tenía que ir a trabajar, pero no quería dejarte durmiendo la mona con sus amigos, ni era conveniente que te llevara así a la ...


... casa, donde tu hermana cuidaba a tus hijos mientras tú andabas… cogiendo afuera –explicó y se calló “andabas de puta”, cambiándolo por “andabas cogiendo”, que también me molestó.


–¿Y eso qué? ¡Yo no cogía en casa porque ahí estaban los niños! ¡Obviamente tenía que coger fuera de casa!


–Eso no es tan cierto, cogías, y mucho, en la casa con Roberto y con Eduardo, no frente a los niños, pero sí pasó –señaló y advertí que estaba alejándome sobre una pista de cómo obtenía Saúl información sobre mí, así que regresé al punto.


–¿Qué hizo entonces Moisés? ¿Por qué no confiaba en sus amigos y me dejaba con ellos? –pregunté extrañada del comportamiento de Moisés al contarle eso a Saúl.


–Te vino a traer a mi departamento para que terminaras de reponerte. Te sacamos cargada del auto y te dejamos sobre la cama para que durmieras tranquila –aclaró.


Empecé a explicarme un poco por qué esa vez no recordaba cómo había llegado al departamento donde Saúl vivía solo ya que nos habíamos separado para divorciarnos, pero eso es asunto de otro relato. Como ya había llegado Rogelio por mí, me despedí de Saúl. “Después me dejas ver el video que grabes” y le di un pico de despedida antes de abrir la puerta.


–¡Hola, Rogelio! Por favor, la cuidan porque tomada es impredecible –le dijo mi marido a mi amante.


–No te preocupes, estaremos en mi casa por si requieres algo –dijo Rogelio y yo evité que se entretuvieran platicando yéndome al auto.


–Pues lo que requiero, lo van a usar ...


... –contestó mi marido señalándome.


Al irnos, me quedé pensando en la identidad de la señora a la que mi marido habría invitado para suplirme. Me imaginé que seguramente sería Regina y de ser ella, obviamente no me enseñaría el video. Me entró un ataque de celos, pues ella lo ama desde hace muchísimos años y aunque es de la edad de mi marido, ella se cuida muy bien y, modestia aparte, se ve tan guapa como yo, además ella sí tiene piernas bonitas.


–¿Conseguiste la mota? –le pregunté a Rogelio ya que yo le había pedido que la consiguiera.


–Sí, y me aseguraron que “era de la buena”, ya me dirás tú si es cierto porque yo no sé de eso. Está en mi casa –aclaró.


–Ya la probaremos… –dije.


–Pues tú y tu amigo la probarán –retobó.


–No, tú y yo, y también el negro, si lo convencemos… –expresé dejándole claro a Rogelio que él tendría que acompañarme en el viaje.


Al llegar a la casa de Rogelio, había un auto estacionado, de donde bajó Moisés al abrirse la puerta automática de la cochera.


–No vayas a cerrar, es Moisés, también meterá su auto –le aclaré y me bajé para decirle al negro que metiera su coche.


Una vez adentro y cerrada la puerta, hice las presentaciones. Ambos se dieron la mano, forzando una sonrisa mientras trataban de adivinar los pensamientos del otro y examinando sus vestimentas para deducir algo más sobre quién tenían enfrente. Parece que ambos aprobaron la inspección y me colgué de los brazos de ambos para entrar al interior de la casa.


Charlamos en ...


... la sala, en el sofá, yo entre los dos recibiendo y dando besos y caricias a ambos lados mientas tomamos unos tragos, acompañados de pan y carnes frías. Los fui desnudando y ellos intentaron hacerlo conmigo, pero les hice saber que primero quería sentirme como en las prácticas CFNM, donde la mujer vestida cosifica al hombre desnudo, aunque seguramente, también yo sería cosificada en esa reunión de putos y puta calientes. Les comencé a mamar los penes alternadamente y a masturbarlos.


–Quería tenerlos juntos a ustedes dos, mis amores, sin inhibirme ante mi marido… –dije acelerando el movimiento de sube y baja en los troncos– ¡Qué rico presemen! –exclamé distribuyéndoles con el pulgar el líquido en el glande a cada uno.


–Mi amor, yo no te noté inhibida cuando hicimos el trío con tu marido –aclaró Rogelio y Moisés puso cara de asombro pues a él no lo he invitado con Saúl.


–Pues ustedes no se inhibieron, más bien lo disfrutaron mucho –dije y Rogelio asintió con la cabeza mostrando una gran sonrisa–. Pero ya les dije: ahora quiero coger borracha y fumada y siento penita frente a mi marido.


Seguí jalándoselas más rápido, ambos habían cerrado los ojos y con la boca semiabierta. Tenían una mueca que delataba cómo disfrutaban la masturbación que yo les hacía, y cuando era claro que se vendrían aminoré el ritmo. Ellos abrieron los ojos de inmediato, yo apreté las dos macanas que tenía en las manos y solamente escurrieron pocas gotas en el dorso de mi pulgar, las cuales me ...


... llevé a la boca para saborear y responderme la pregunta que había hecho Ishtar en el chat: “¿A qué te sabrá la crema del chocolate revuelta con colágeno?”


–¡Sabe delicioso! –exclamé entornando los ojos y les volví a jalar los penes para exprimir otras gotas más, las cuales mezclé frente a ellos, extendí las manos y puse mis dedos con lefa en sus labios–. Prueben, mis amores, es crema de chocolate revuelta con colágeno.


Ellos lamieron obedientemente mis dedos y comenzaron a encuerarme. Obviamente, el saco, la blusa y el brasier fueron lo primero que me quitaron para ir a mamarme. Era delicioso tener a dos becerritos jalándome los pezones con la boca, y yo sopesando un par de huevos en cada mano. Mientras me mamaban yo jalaba sus escrotos y ellos continuaban quitándome la ropa.


Ya estaba yo desnuda, pero ellos no dejaban de mamar y ahora metían sus dedos anulares en mi raja. Cuando la humedad parecía río, abrí más las piernas al sentir dos dedos dándome jalones de clítoris y otros más hurgando en la profundidad de mi vagina. ¡Qué ricos orgasmos me sacaban mis putos!


–Ya no quiero cubas, mejor tomemos tequila –dije en el descanso, cuando Rogelio iba a servir más tragos–, ¡y todos al parejo! –exclamé y mi petición fue atendida.


Les mamé un poco la verga a cada uno, metiéndoles previamente el glande en el vaso tequilero. Al terminarse mi bebida, me serví más y me senté en un banco de la barra, inclinándome para que me colgaran las chiches. “Acábense su tequila con ...


... pezón”, les sugerí. Ellos, de inmediato se apoderaron de una teta cada uno y remojaron mis pezones en sus vasos, chupándolos hasta que terminaron su bebida. ¿Bebida? ¡Yo era la que estaba bien bebida! Y ellos con sus ostensibles garrotes donde se me antojaba clavarme, pero yo quería fumar la mariguana antes de ser penetrada…


–¡Dónde están los porros, mi niño? ¡Distribúyelos! –le exigí a mi colágeno.


Rogelio, de inmediato sacó de la cantina una bolsa de plástico que contenía un paquete de papel estraza. ¡Madre mía, eran como veinte carrujos y olían riquísimo!


–A ver si alcanzan, espero que esté rica la yerba y les guste… –dijo Rogelio al ofrecer los cigarros.


Yo tomé uno, Moisés hizo un movimiento negativo con la cabeza y mostró la palma de la mano para recalcar su oposición, pero tomó el encendedor y me ofreció fuego. Al aspirar el humo, me di cuenta que era de buena cosecha, ¡rica la mari! Como Rogelio no prendió un cigarro para él, le ofrecí de mi bacha después de darle otra calada profunda.


–Prueba, mi amor –le dije poniéndosela en la boca para que aspirara, lo cual hizo tímidamente– ¡Jálale más! –ordené y lo hizo.


Entre los dos nos acabamos el carrujo. Moisés había tomado distancia y fue a abrir una ventana. Al rato, Rogelio ya estaba en onda, ¡más que yo!, y comenzó a reír


Nota: a partir de aquí mis recuerdos no son completos y tuve que reconstruir lo sucedido por los relatos que me contaron de mis amados, principalmente el negro, pues el colágeno ...


... también andaba volando.


Todos nos fuimos a la recámara, Rogelio y yo abrazados. Me acosté, abrí las piernas y recibí en la pepa el pene de mi colágeno, quien se movió frenéticamente mientras me estrujaba las chiches. Mis orgasmos vinieron en trenecito. “¿Te gusta tu puta, mi amor?”, le preguntaba en cada estocada que me hacía ver estrellas. “¡Sí, mi amor, nunca quiero separarme de tu panocha!”, contestó al momento en que sentí tres chorros de calor dentro de mi vagina y el macho se quedó quieto. Lo exprimí con mi perrito escuchando que me decía suave y amorosamente “Te amo puta” en cada contracción de mis músculos vaginales, hasta que quedó yerto y salió su miembro de mí raja.


–Ahora tú, mi negro, vacía esos huevosKínder en mí –le dije a Moisés abriendo mis piernas en cuanto me deshice del cuerpo lacio de Rogelio.


–¡Qué vergota tan crecida tienes! –expresé abrazando a Moisés que se había estado sacudiendo la verga mientras nos veía cogiendo.


Pobre Moisés, se desquitó dentro de mis entrañas donde yo sentía su herramienta muy gruesa y a su glande pasando por todos los puntos sensibles de mi canal vaginal. El negro jadeaba como perro y yo le arañaba la espalda sin piedad, gozando sus ganas, tan grandes como lo mostraba ese garrote haciendo fiesta dentro de mí.


Fueron tantos orgasmos con Moisés como los que tuve con Rogelio que, cuando el negro se bajó tuve que descansar. También mis garañones quedaron exhaustos, por tanto esperma aportado en mis entrañas, donde yo ...


... no se acordaba de las mamadas que le dio el negro, estaba dormido, o fuera de la conciencia por la marihuana. Él, al igual que yo, sólo se acordaba de pocas cosas.


Cuando Rogelio despertó, me besó el pecho, luego en la boca. Él aún traía sabor a semen de Moisés y una mediana erección en la verga. Se acomodó para penetrarme y yo abrí las piernas para enredar su cintura. “¡Cógeme, mi amorcito, vente en mí!”, le dije y de inmediato se encendió. “¡Te amo, mi mujer!”, gritó al descargarse y se salió para quedar acostado reponiéndose con resoplidos para tomar aire.


Como me quedé a punto del orgasmo y con las piernas abiertas grité “¡Ven Moisés, te necesito!” El negro aún no se reponía, pero me chupó la pepa para cumplir mi deseo y ¡vaya que lo hizo muy bien! Su cara quedó llena de mis jugos y la venida de Rogelio. Se incorporó ya con una erección mediana, pero ya no era necesario… Al poco tiempo sí me dio lo poco que le quedaba.


Vi mi teléfono y había dos mensajes de Saúl de la noche anterior. El primero sólo decía “¡Puta!”, el segundo estaba acompañado de una foto con la verga en su mano, escurriendo semen. No es mucho, pero tu foto con los machos ocupados en ti me lo sacaron. Veía los mensajes cuando llegó otro. “Aunque me desleché rico ayer, me pasé la noche deseándote. Ya estoy listo para recibirte” y la foto con la verga en todo su esplendor.


No hubo más que decir, le pedí a Moisés que me tomara una foto con mi celular, acostada con las piernas abiertas y abrí ...


... los labios de mi panocha para que se notara el escurrimiento y lo mojada por el uso y como texto “Ya voy para allá, te llevo atole en la papaya para que pruebes”.


Les dije que agradecía el buen trato, pero que me urgía llegar a mi casa. Me vestí, el negro también, pero Rogelio ya había encendido un carrujo más y tenía una mirada turbia.


–Adiós, mi amor, Moisés me llevará a casa –le dije a mi colágeno al tomar mi mochila y le quité el cigarro de la mano.


–Bueno, vámonos –dijo turbado por lo improviso de la situación y nos fuimos a su auto.


Abrí la puerta de la cochera para que saliera Moisés. Rogelio nos veía con la mirada perdida y antes de cerrar la puerta le dije adiós, señal que no contestó y me subí al auto.


–¡¿Vas a seguir fumando eso?! –me espetó airadamente el negro.


–Sólo se me antojó un poco, ahorita lo tiro –le dije y me puse a darle unas cuantas fumadas antes de tirarlo.


Cuando llegamos a la casa, Saúl estaba esperándonos en la puerta.


–Con cuidado –dijo Moisés a Saúl–, le acaba de dar las tres a la yerba.


–Gracias, amigo, espero que se hayan divertido mucho –le dijo mi esposo al negro y nos metimos los dos a la casa.


–Ya vine, y me vine muy bien… –le dije a Saúl tropezando mis palabras.


De inmediato me llevó a la recámara y antes de tirarme a la cama me encueró. Me abrió las piernas y se puso a chupar los pelos de mi cuca después de decir “¡Quiero mi atole, puta mariguana!”. Imagínense lo demás porque yo no lo recuerdo muy bien…

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