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Erotismo y Amorschedule 5 min lectura

Entre páginas I

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PlacerEscrito

Me llamo Claudia. Tengo 30 años y llevo tres trabajando en una librería del centro. No es un trabajo cualquiera para mí; es un refugio, un lugar donde perderme entre libros y dejar el mundo afuera, aunque solo sea por un rato.


Tengo el cabello oscuro, siempre recogido en una coleta sencilla, y unos ojos marrones que me hacen parecer más tímida de lo que soy. Por dentro, me muerdo la lengua más de lo que quisiera.Mi vida es tranquila, envuelta en pequeñas rutinas: una taza de café por la mañana, paseos cortos, charlas con los clientes de siempre.


Pero últimamente, algo ha empezado a cambiar, cada tarde, al abrir la librería, me invade una curiosidad que no sé explicar. Hay un cliente que me llama la atención más que el resto. Siempre pide el mismo libro, una novela que conozco bien, aunque nunca he entendido qué le atrae tanto.


Un día, al revisarlo , encontré una nota escondida entre sus páginas:“Contigo, el final sería otro.”


La leí varias veces. No podía creer que alguien se atreviera a dejar algo así. Pero sí, lo conocía: Marcelo. Un cliente habitual. Siempre puntual, Imposible de ignorar. Es alto, de cabello oscuro y algo revuelto, con unos ojos verdes que parecen querer decirme algo que aún no alcanzo a descifrar.


Siempre viste sencillo: camisa blanca, jeans, y una seguridad serena que me desconcierta.No esperaba que esa nota despertara tanto dentro de mí, Pero lo hizo.


Al día siguiente, cuando entró en la librería, le dejé una hoja doblada entre las ...


... páginas de su libro:Me has intrigado,Sigue.


Y siguió...En su siguiente visita, Marcelo dejó otro libro y otra nota:Esta noche, al cierre, en el rincón de las novelas viejas. Nadie nosverá.


No pude concentrarme en todo el día. Imaginaba ese encuentro una y otra vez, entre nervios y expectación.Cuando la librería se vació, me quedé en ese rincón que tantas veces había sido mi escondite, pero esta vez, no estaba sola.


Entonces, apareció...Se acercó sin hacer ruido. Nos miramos sin decir nada, y algo se tensó entre nosotros. Marcelo dio un paso más, acortando la distancia.Su mano rozó mi brazo con un tacto firme, sin prisa. No me aparté. Con un gesto, me condujo hacia un estante apartado, donde la luz era tenue y el silencio lo cubría todo.


Nuestros labios se encontraron en un beso corto, intenso, que encendió sensaciones que creía dormidas. Apoyé una mano en su pecho, sintiendo su corazón latiendo con fuerza bajo la camisa.Marcelo bajó la mano hasta mi cintura y me atrajo hacia él. Cerré los ojos y me rendí al momento.


Sus dedos recorrieron el borde de mi blusa, deslizándose por la piel apenas cubierta. Un escalofrío me recorrió cuando desabrochó el primer botón, dejando al descubierto una parte de mi escote...Sus labios bajaron por mi cuello, dejando un rastro tibio que me hizo arquear la espalda, buscando más.


El roce de nuestros cuerpos se volvió más intenso, y sus manos exploraban con una delicadeza feroz, despertando un deseo contenido que me llenó de ...


... vértigo. Respiraba con dificultad, sintiendo cada gesto, cada caricia, como si me estuvieran leyendo por dentro.


Entonces se detuvo, justo antes de cruzar una línea.Sus ojos buscaron los míos. No dijo nada. No hacía falta.El silencio entre nosotros hablaba por sí solo, dejando en el aire todo lo que aún estaba por venir...


Su respiración seguía rozando la mía. Su cuerpo aún pegado al mío. Su mano, en mi cintura. Me miraba como si estuviera esperando una señal que yo aún no sabía que ya había dado.


—¿Quieres que pare? —murmuró ronco


Negué, muy despacio. No había duda en mí.


Él deslizó sus dedos por mi costado, bajando con cuidado, sin apartar la mirada. La blusa entreabierta no escondía ya casi nada.Sus labios se detuvieron justo en el hueco del cuello. Me besó ahí, suave, antes de seguir descendiendo. Su boca delineaba mi piel como si cada centímetro fuese un verso.


Apoyé una pierna contra el estante para sostenerme. El mundo parecía girar más lento. O tal vez éramos nosotros los que habíamos salido del tiempo.Su mano se deslizó por mi muslo, subiendo por debajo de la ...


... falda.


Noté cómo se tensaba su respiración al llegar a mi ropa interior. Me arqueé apenas, entregándome sin necesidad de palabras. Su boca volvió a buscar la mía justo cuando sus dedos rozaron mi humedad a través de la tela. Gemí contra sus labios, aferrándome a su nuca como si ese instante no pudiera escaparse.


El rincón de las novelas viejas jamás había visto algo así. Y de pronto, cada título a nuestro alrededor parecía un testigo cómplice.Marcelo apartó la tela con cuidado, rozándome con la yema de los dedos, leyendo mi cuerpo como si fuera un texto secreto.


Me abría sin resistencia, como una página que se deja leer sin vergüenza.


—Estás preciosa así —susurró en mi oído—. Te quiero leer entera.


Esa frase me desarmó. Iba a pedírselo, a gritarlo si hacía falta. Pero no hizo falta, Se detuvo otra vez, pero esta vez no por duda. Me miró con los labios húmedos, los dedos aún entre mis piernas.


—Si sigo, no voy a parar.


Y entonces, lo miré con la misma intensidad.Tomé su mano. La guié de nuevo hasta donde ardía.


—No pares —le dije.Y esta vez, no lo hizo...


CONTINUARÁ...

#PlacerEscrito